
La pregunta llega siempre en voz baja, casi con vergüenza: «¿y dónde me meto yo mientras tanto?». En tu casa. De verdad. Cambiar el suelo no es una reforma de las que te echan de casa, y organizarla bien es la diferencia entre dos días llevaderos y una semana de caos.
Se trabaja por zonas. El primer día, dormitorios: los muebles de cada habitación se desplazan a la zona que no se toca, se instala, y esa misma tarde cada cama vuelve a su sitio, sobre el suelo nuevo. El segundo día, la zona de día: salón, pasillo, recibidor. Se duerme en casa todas las noches. Se cocina todas las noches.
Instalar un suelo flotante genera poco polvo: no hay demolición, el corte se hace con aspiración y lo que queda se recoge el mismo día. No es una obra de albañilería; es carpintería de precisión con aspiradora. Las sábanas sobre los sofás son más tradición que necesidad, pero las ponemos igualmente.
Una vivienda tipo de 70 a 90 metros: uno o dos días de instalación, rodapiés incluidos. Lo que alarga el plazo no suele ser el suelo, sino la preparación de la base cuando la vivienda lo pide o el ajuste de muchas puertas. Todo eso se sabe antes de empezar, en la visita, y queda recogido en el precio cerrado: sin sorpresas de último día.
Si estás en esa fase de «quiero cambiarlo pero me da pereza la obra», empieza por la guía para elegir suelo. Y cuando quieras ponerle fecha, una visita de medición te resuelve en veinte minutos todas las dudas logísticas de tu caso concreto.
Día uno, 8:30: protección de muebles y traslado de los dormitorios a la zona de día. 9:00: revisión de base y primeras hiladas en la habitación grande. Mediodía: primera habitación instalada; por la tarde caen la segunda y, si la base acompaña, la tercera, con sus rodapiés. 18:00: camas montadas de nuevo sobre el suelo nuevo, y la familia duerme en su sitio. Día dos: la zona de día con el mismo método, muebles al lado contrario, pasillo al final para salir rodando. Última hora: perfiles, ajuste de puertas, aspirado fino y repaso contigo, habitación por habitación, con el nivel y la factura encima de la mesa.
¿Dónde se tuerce este plan? Casi siempre en lo mismo: habitaciones usadas de trastero que no se vaciaron de lo menudo, o una base que pedía más nivelación de la prevista. Lo primero depende de ti y te lo recordamos la víspera; lo segundo lo detectamos en la visita técnica, que para eso mide de verdad. Con ambas cosas controladas, el plan de arriba se cumple con aburrida regularidad.
Sí, y pasa constantemente. Acordamos por dónde empezamos para dejarte una zona tranquila, y el ruido fuerte (los cortes) se concentra a ratos, no es continuo.
Se mueven y se reconectan el mismo día. Solo la nevera agradece un par de horas de reposo tras moverla antes de enchufarla, y lo dejamos coordinado para que no pierdas ni la cena.
Nos adaptamos: el grueso del ruido cabe de sobra en el horario permitido habitual (9 a 14 y 16 a 20 en la mayoría de ordenanzas), y el resto del trabajo es silencioso.
Te decimos cuántos días serían en tu vivienda, cómo organizaríamos las zonas y el precio cerrado por escrito. La visita es gratuita y sin compromiso.