
Hay un centímetro que decide si tu obra acaba bien o acaba con discusión. Es la cota: lo que sube el suelo nuevo respecto al viejo. Lama más lámina suman entre 9 y 13 milímetros, y ese centímetro se lo come alguien. Normalmente, tus puertas.
El suelo queda precioso el viernes. El sábado descubres que la puerta del baño roza, la del dormitorio no cierra y la de entrada arrastra el felpudo. Llamas al instalador y te dice que «eso es carpintería, no es lo mío». Técnicamente cierto. Comercialmente, una vergüenza: lo sabía desde el primer día y no lo presupuestó para parecer más barato.
Con suelo nuevo, el rodapié viejo canta: distinta altura, distinto tono, golpes de media vida. Cambiarlo cuesta poco en el total de la obra y es lo que hace que el conjunto parezca terminado por profesionales y no parcheado. Nuestro precio desde 59 €/m² lo lleva incluido, precisamente para no jugar al escondite con esa partida.
Las puertas de armarios empotrados que barren el suelo, la toma del lavavajillas que queda más baja que el zócalo nuevo, el hueco del radiador: todo eso se mira en la visita, se anota y se resuelve el día de la obra. La diferencia entre una instalación buena y una del montón no está en las lamas: está en esta lista de detalles.
¿La moraleja? Cuando pidas presupuesto, pregunta explícitamente: «¿qué pasa con mis puertas?». La respuesta te dirá más del profesional que cualquier reseña. Y si quieres la lista completa de preguntas incómodas, está en los siete errores al contratar un suelo.
Para que no sea una abstracción: lámina base estándar, 2-3 mm; laminado HDF, 8-12 mm; SPC, 4-6,5 mm con capa integrada. El total típico va de 7 a 15 mm sobre el suelo existente. Las puertas de interior estándar vuelan a 7-10 mm del suelo viejo, así que la aritmética no perdona: sin intervención, la hoja roza o no cierra. El cepillado correcto se lleva solo lo justo (la cota nueva más 5-7 mm de holgura) y se sella el canto rebajado para que la hoja no beba humedad por abajo, un detalle que casi nadie hace y alarga la vida de la puerta.
El caso especial son las puertas correderas empotradas tipo casoneto: su guía inferior o su fleje van referidos al suelo antiguo y conviene revisarlos antes de instalar, no después. Y en la puerta de entrada, blindada y pesada, el margen suele ser mayor pero el burlete inferior puede necesitar reajuste para seguir sellando. Todo esto se anota en la visita, puerta a puerta, con sus milímetros; es literalmente una lista que llevamos impresa.
Bien hecho, no: el corte se lija y se sella, y queda oculto a ras de suelo. La puerta funciona y nadie sabe que pasó por el banco de trabajo.
Mismo tratamiento que una puerta: se miden, se rebajan si barren y se reajustan bisagras si las hay. Si el armario tiene zócalo propio, a veces basta instalar el suelo hasta su frente y rematar con perfil.
El centímetro de cota rara vez molesta a un radiador, pero sí puede dejar más corta la llave de paso respecto al rodapié nuevo. Lo revisamos en la visita; si hay que recrecer un soporte, se sabe antes.
En nuestra visita medimos la cota puerta por puerta y el ajuste va dentro del precio cerrado. Si alguna puerta merece cambio, te lo decimos allí mismo, con su precio.